La reseña que nadie puede publicar #12A

En medio de una balacera, frente al estado de México, Yucatán, uno de los cinco heridos pierde la vida antes de cumplir sus 15 años de edad. El escenario compartía 3 películas versionadas, dos eran azules y por supuesto, la roja que no puede faltar.

La noche anterior había sido de horrores, al este de la ciudad personas corrían con trapos rodeándoles las narices, los perseguían hombres vestidos de verde tirándoles a matar. Entre aquellos que corrían, probablemente un adolescente que aún no sale de la pubertad, terminó detenido en un pequeño retén de policías dentro de la ciudad roja que más adelante va a figurar.

Este episodio se repite en distintas ciudades de México, todo el país se concentra en cuidar de lejos y por oraciones, la vida de los que salen, ni tan pacíficamente, a protestar. Pero en Yucatán, ese día antes de que todo acontezca, la luz por razón desconocida se va.

Yo estaba frente a la ciudad roja, me dirigía a casa de un familiar, sentía la tensión en el camino y veía las huellas de verdes en cualquier lugar, de retorno pude ver como la luz se iba en cada zona que avanzaba en el spark. La señal del teléfono se pierde por completo, me logra entrar una llamada y es un familiar advirtiendo de la oscuridad, tengo una vista panorámica y puedo ver que al menos un 80% del territorio está en penumbra total.  Admito que en mis 23 años, he visto cuando mucho 2 películas de terror, pero este día estaba viviendo la mía, con mi familia dentro de un carro y sin señal, para rematar.

Una vez adentro, todas las historias comienzan a vincularse, los amigos del adolescente están a punto de trancar la carretera para reclamar su libertad. Los actores de la película azul, inoportunamente reciben cajitas felices cargadas de alimentos nacionales. La luna está llena y la gente para ambientar, suenan cacerolas que me atrevería a decir, eran una serenata dedicada a la ciudad roja.

El brillo del caucho en llamas alumbra la noche romántica mientras le impiden el paso a cualquiera de la zona que se le ocurra atravesar. Y en pleno desenlace, cuando el miedo del apagón desaparece y le abre paso al miedo de sentirnos dentro de una escena de 300, un mensaje al grupo más grande de whatsapp interrumpe para decir, irresponsablemente que: ‘‘la ciudad roja, las cajitas felices nos quiere robar’’.

Se desata la guerra, la violencia iba y venía de palabras, gestos, piedras y balas. Ninguno escuchaba al otro, rojos y azules se ofendían con cada segundo que pasaba en una noche tenebrosa de Yucatán. Pasaron las horas, hombres borrachos, hombres armados, verdes y rojos, azules y otros colores que no se quieren catalogar, todos juntos haciendo la noche más negra que tendrá este mes esa ciudad.

Ya no importaba el adolescente, ya no importaba la cajita feliz, todo era confuso y todos nos sentíamos poseídos por un sentimiento horrible muy alejado de la paz. El episodio duró tanto, que en su punto más extremo, cuando los disparos ensordecen cada rincón de racionalidad que había en ese campo de guerra, cae al piso Brayan Principal, un niño de 14 años que no tenía edad ni para votar, que nunca nadie sabrá lo que pasaba por su mente antes de que aquella bala le atravesara por detrás.

Hoy los vi a todos cargar la urna de Brayan, gritando consignas de guerra, consignas que avivan el dolor de esta tierra. Los vi atravesar la ciudad azul señalándolos de asesinos. Los vi cerquita de mí, compartiendo un luto que no me dejará dormir esta noche, un luto por alguien que no conocí pero que perdió su vida por una película que escuche versionarla millones de veces en este día. Ha sido la peor película de terror que arrancó en el 99 y que aún, después de la muerte, me sigue aterrorizando en cada consigna.

Reseña por la ciudad azul

Reseña por la ciudad roja

El adolescente sigue retenido, la lluvia mojó las cenizas del caucho quemado, la luz regresó y los periódicos no reseñaron la historia completa, mientras yo tengo que acostarme pensando que inventar este relato me permitirá soltar el peso de vivir en esta sociedad.

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