El poder del pensamiento

No sabía que lo último en leer, sería lo siguiente en escribir.

Aeropuerto Internacional General José Antonio Anzoátegui, 29 de Septiembre 2016.

Hace algunos meses, esperando regresar a mi horario de oficina en la Máquina de hacer pájaros, Tamara Hadeed hizo una ilustración en honor a las mujeres que viajan solas, le dedicó algunas palabras a La Negra Libre, su amiga personal y una total desconocida para mí, en seguida ya había encontrado el WordPress de La Negra Libre y minutos después estaba imaginando cada rincón de Manaos mientras leía su última entrada al blog: Manaos, la vieja París de los trópicos. Recuerdo dejarle un mensaje lleno de admiración y por supuesto, con un deseo inmenso de viajar.

En el 2008, con 14 años, me voy a Margarita en un viaje de quinceañeras, a iniciar una amistad de buena suerte. Mi única amiga de ese viaje, que aún conservo y que se me va a Chile muy pronto, esa señorita de 14 años también, inocentes de todo, sin medir el poder del deseo, soñamos con conocer el Amazonas alguna vez.

Pero antes de conocer a La Negra Libre y luego de conocer a mi amiga de la buena suerte, entrando a la universidad para ser exactos, desayunando en un puesto de empanadas, le dije a un conocido que si tuviese que elegir un idioma para aprender sería el portugués.

Al terminar la universidad busqué becas para estudiar en Brasil, nunca postulé, sabrá futuro el porqué. Sin embargo, un día leí Brasil en la primera mirada que eché a una sopa de letras.

Y así habrán pasado muchos eventos más que sin yo estar consciente, me tienen sentada en el piso del Aeropuerto Internacional General José Antonio Anzoátegui, esperando mi vuelo para ir a Manaos, escribiendo sobre lo último que había leído en WordPress, cumpliendo mi deseo de quinceañera de conocer el Amazonas y con la ansiedad de ser como La Negra Libre, una mujer viajando sola.

A mi familia, a quienes me esperan de retorno, y a los que estoy por conocer: mis mejores pensamientos. 

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Todo lo que nos preocupa ahora, nos preocupa no porque no sabemos que pasará, sino porque no sabemos cómo, cuándo y dónde pasará. Preparar los pensamientos para lo que nuestro corazón necesita, nos hace ver esa preocupación como una misión.
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